"Ya no hay más leña" pienso mientras vuelvo a mi cabaña. Está aproximadamente a -15ºC y la Madre Naturaleza hace de lo suyo en mi alrededor con una tormenta invernal disparando los copos de nieve con vientos huracanados. Me he cubierto todo mi cuerpo con tantos abrigos que me es difícil caminar entre la nieve, pero es un sacrificio para no sentir tanto frío y no ser golpeado por la nieve que por su velocidad se hacen sentir más como perdigones.
Llego a mi cabaña, situada cerca de una montaña y al lado de un bosque de pinos; todo se encuentra cubierto por un gran manto blanco. "Primera vez que desde que me mudé aquí siento una tormenta tan fuerte" me digo mientras abro la puerta. No acabo de abrir con totalidad la puerta y se abre violentamente por la fuerza de los vientos; rápidamente entro y con todas mis fuerzas intento cerrar la puerta. El viento me quiere ganar, así que mantengo la puerta cerrada con mi cuerpo mientras con mi mano derecha giro la chapa para bloquear. Le gané al viento, pero en caso que empeore el clima y destroce la chapa, estanco la puerta con un delgado pero resistente pedazo de madera entre la misma y un fierro en forma de "U" situado al lado y pegado a la pared.
Me quito todos los abrigos, quedando mis piernas con un pantalón negro, mi torso con una polera blanca con mangas largas y un abrigado cuello de tortuga, una bufanda abrazando mi cuello y mis manos con unos guantes de lana que solo llegan hasta la mitad de los dedos.
Me cambio de par de medias y las botas que llevaba puestas por un par de pantuflas.
Me estrujo las manos y las coloco alrededor de mi boca para soplarles con mi aliento para darles calor. Mis piernas comienzan ligeramente a saltar desesperadas del feroz frío que venían.
Entrecruzo mis antebrazos para que mis manos froten con rapidez los brazos y me voy rápidamente a la chimenea.
Llego y me siento frente a ella. Observo como la pequeña fogata sigue resistiendo tanta frialdad en el ambiente y me acerco lo más posible.
Veo con detalle el alrededor del interior de la cabaña con un espacio tan rústico, hecha de troncos grandes y el piso hecho de tablones de madera; la sala tiene pocos muebles pero cómodos (entre ellos una silla estilo Art Nouveau).
Vuelco la mirada nuevamente hacia la fogata y sus pequeñas llamas claman seguir ardiendo.
Mis vecinos me habían avisado que se aproximaba una tormenta muy grande pero no les creí lo suficiente como para conseguir y guardar una mejor cantidad de leña. La tormenta va por su segunda semana sin dar pausa y no tengo más para alimentar y mantener mi fogata.
Mi abastecimiento de alimentos es lo suficiente como para vivir casi un año sin dificultad, me sobra la cantidad de abrigos para salir y buscar más de lo que necesite.
El teléfono no funciona ni tengo electricidad a causa de la tormenta, así que no puedo encender la televisión, ni el calefón, ni la ducha eléctrica, ni el horno eléctrico.
Sobre estime la tormenta y ahora sufro las consecuencias. La fogata fue mi salvación por toda la primera semana: obtuve calor y calentó mis alimentos para un mejor sabor. Sin el calor no puedo tener los mismos movimientos, la misma condición física ni mental, los mismos resultados, el mismo sabor... ¡Todo es frío!
Vengo de un lugar donde casi todo el tiempo hacía calor y ya me estaba cansando. Por eso decidí irme a lugar más frío y tranquilo. Creí que el calor no iba a importar... pero si importa. Por algo existe el frío y el calor, juntos agarrados de la mano conllevan la vida.
Me gusta el lugar donde estoy, pero fui con una idea tan simple que ahora me hace disgustar. Ahora con esta tormenta me las tengo que arreglar y duramente.
Miro las pequeñas llamas con una mezcla de rabia y melancolía, esperando el momento que se apaguen totalmente y tenga la posibilidad de morir. Por más que tenga el montón de alimentos y abrigos, nada me garantiza que pueda vivir sin el calor verdadero del fuego... podría destaparme inconscientemente mientras duermo y darme hipotermia o comer alimentos crudos y agarrarme una infección. ¿Cuanto más iba a durar la tormenta? ¿Minutos, horas, días, meses? ¿Arriesgarme a vivir solo del frío y solo del calor de mi cuerpo?
Cada segundo cuenta... Cada segundo pierde un poco más su fuerza para levantarse las llamas.
Me quedo paraplejico por unos minutos, sin quitar la mirada a la casi extinta fogata.
Hasta que de repente una llama se levanta lanzando al aire unas pequeñas chispas y nuevamente baja, pero esta vez más bajo que antes.
Las llamas pelean hasta lo último para seguir vivas. Yo quiero que sigan vivas. Es un pensamiento mutuo. Entonces... ¿porqué estoy perdiendo tiempo aquí?
Salgo del mar de emociones en que me hundía y me levantó sin quitar la mirada a la fogata.
"Iré a buscar más leña" me digo. Me coloco otra vez las botas y los abrigos que me había quitado al llegar, busco un hacha y me dirijo hacia la puerta.
Quito la tranca de madera, giro la chapa desbloqueando la puerta y violentamente se abre. Los vientos aumentaron más sus fuerzas haciendo sentir más frío de lo que fue antes de entrar a la cabaña. Trago saliva y entro a tormenta cerrando con la mayor fuerza posible la puerta.
Comienzo a buscar un pino para poder talar, mientras los vientos azotan el lugar añadiendo un sonido de silbido. Hay tanta nieve que no logro ver lo que hay más adelante.
Continuo caminando, sin quitar en mi cabeza el principal objetivo: calor. Coloco mi vida en peligro... En estos momentos podría ya haberse apagado la fogata y aún continuo... O también sigue encendida pero no aguantará más de cinco minutos... O también podría nuevamente a encenderse... No hay nada seguro, hay demasiadas suposiciones.


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