martes 27 de septiembre de 2011

Ese Martes en aquél bar... (Parte 1)

Rainy Night (por IkkaPikkaBooh - DeviantArt)
Era otro Martes más... Como todos los demás que han pasado. El único día donde gozo de una pequeña libertad de horas nocturnas contadas para un tiempo solo para mí.
Estoy dentro de un mundo donde todos te conocen, que a la vez todos les caes bien y que a la vez todos les caes mal... Pero gracias a esa popularidad he tenido todo lo que siempre quise desde mucho tiempo atrás... o por lo menos materialmente.
Camino una vez más a aquél bar donde me escondo de todos por esas horas, donde el tiempo parece detenerse y durar toda la vida, donde el trabajo de los bármanes, meseros, borrachos y la gente alegre por el karaoke parecen constantes y dan la impresión que nunca acabará. Pero a pesar de todo, nadie nota mi presencia a pesar que no me falto ningún Martes al lugar, excepto del barman Raimundo, que es el único que sabe la hora exacta que me ve atravesar la puerta del establecimiento e ir directamente a sentarme a la tercera silla (de derecha a izquierda) de la barra. Siempre lo encuentro lavando algún vaso de vidrio, y sin apuros se me acerca, le doy las buenas noches y me responde: "Buenas noches señor Vasconcelos, ¿le doy lo mismo de siempre?". Amablemente meneo la cabeza de arriba a abajo y va a traerme la bebida de cada Martes: una simple gaseosa de cola. Con fuerza pero a la vez con modalidad, abre la tapa de la pequeña botella de medio litro y me lo sirve en un vasco especial para whisky con hielo (no por que no tenga más vasos, sino que siempre me gustó ver cómo cualquier bebida con hielo la hace ver con elegancia). Desde el primer Martes que fui al bar le he pedido que me lo sirva en ese único tipo de vaso y desde el tercer o cuarto Martes se acostumbró a servirme así... "Este hombre debe estar algo chiflado" a veces me imagino que se lo dice a si mismo, pero al fin y al cabo no importa como lo tomes, sino como lo disfrutes, ¿no?
La mayoría de los Martes que asisto al bar, me quedo callado todas las horas que me encuentro allí, observando su ambiente tan oscuro, con unas luces blancas y elegantes iluminando de abajo a arriba toda la barra donde se encuentra Raimundo y el resto de los bármanes, pero debajo de este también se encuentra un largo tubo de neón azul que "adornan los pies y el piso de la barra" como suelo pensar. La entrada al bar es bajando unos escalones de piedra casi llegando al final de la calle Libertad de la ciudad y es protegida por una puerta pequeña hecha de madera fina, con un pequeño vidrial de adorno en su parte superior, dónde simplemente abres la puerta y suena una pequeña campanilla anunciando a un nuevo cliente para todos los presentes. A poco pasos de la puerta, a mano derecha, se encuentra la barra con Raimundo y los bármanes de turno, y a la derecha, con una escasa iluminación de color azul, se encuentran las mesas, sillas, y la mesa especial para seis personas junto a la rockola para cantar por un tiempo. No es un bar gran cosa que digamos, ni siquiera las personas que me conocen me imaginarían en una especie de lugar así frecuentando una vez a la semana, pero lo hago, y me parece muchísimo mejor que no sepan que frecuento ahí. A veces, hay personas que se me acercan y me preguntan: "¿No es usted Vasconcelos?" y simplemente le respondo que debe estar confundiéndose, por qué Vasconcelos no vendría a lugares como estos por su importancia hacia el público, y le añado que soy solo un simple cliente como cualquiera. Cuando pasa esto, siempre Raimundo me observa desde cualquier lugar que se encuentre dentro de la barra, con una mirada revelando que estoy mintiendo nuevamente, pero no me hace reclamo alguno.
Donde se encuentran todas las bebidas, hay un gran espejo, agregándole más elegancia a toda la barra... pero claro esta... lo único elegante de todo el bar es la barra... el resto del bar es simplemente un nido de cucarachas y sin vida, con lleno de gente que solo viene a desahogar las penas de la vida ahogándose en licor y cantando hasta que pasen dos cosas: o ya no puedan cantar por que ni siquiera puedan levantarse por la enorme suma de alcohol que tiene en su organismo, o por que uno de los "cantores" desafine tanto que sus acompañantes piden que deje de cantar y para compensarlo (para que no se queje) les piden a algún mesero que este rondando por el bar que le traigan más bebidas.


Como salgo directamente del trabajo al bar, voy con mi traje formal laboral al bar, sin importarme si me ven raro o no, ya que muchos de ellos vienen con trajes más chillones y provocadores a la vista... Claro, no basta alguna persona que quiera llevarse a alguien del bar para acostarse con ella. No ha faltado alguna que otra mujer, en estado de ebriedad, que se me acerca y me quiera seducir para llevarme. Yo, con una fría indiferencia, simplemente me concentro en los sorbos a mi gaseosa hasta que se vaya frustrada... o incluso gritando de enojo, para que luego aparezca algún aprovechador y se la lleva del bar hacia su cama. Cuando noto que el aprovechador se llevó a la mujer, suelto una pequeña risa irónica y sigo concentrado en mi gaseosa.
Claro... no ha faltado Martes que un hombre borracho se me acercase y pase a buscarme pleito por cualquier cosa, en especial algún aprovechador mencionado que otro diciéndome "¿Cómo osas hacer llorar a una mujer?"; dicho esto, miro discretamente a Raimundo, él vuelca su mirada hacia mi y simplemente le hago señas con los ojos apuntándole discretamente al hombre provocador, haciendo que Raimundo silbe fuerte para que se escuche en todo el bar y vengan los meseros más fortachones del lugar y se lo lleven afuera del bar... A veces he logrado escuchar que le pegan y el infortunado borracho grita de dolor, pero siempre he pensado en toda mi estadía en el bar: "Si le pegaron, es por que el hombre ha dicho o hecho algo que los ha molestado a los meseros", ya que ninguno de los trabajadores del bar buscaban bronca o eran violentos, solo golpeaban en defensa propia o necesaria. Un Martes, uno borracho, luego de rechazar y hacer llorar a otra mujer ofrecida, sacó un cuchillo y gritó en todo el bar diciendo: "¿Quién fue el hijo de puta que hizo llorar a esta mujer? ¡Que no sea maricón y que se revele!".
Al instante, levanté la mano, sin moverme de mi lugar y enseñándole mi espalda a todo el lado izquierdo del bar. El borracho se quiso venir corriendo a acuchillarme, pero en sus torpes movimientos se golpeó uno de sus pies con una de las patas de las mesas y cayó de estómago al piso... por desgracia, se acuchilló a si mismo en el pectoral derecho y comenzó a gritar como loco en todo el bar que yo lo había acuchillado y me iba a denunciar ante las autoridades. A los minutos, llegó la ambulancia y se lo llevó al hospital... Nunca más vino al bar, pero tampoco creo que haya muerto; pero dejó su recuerdo en el piso del bar... que por más que todos los días los meseros limpien el suelo, una pequeñísima mancha de sangre no salió. La intentaron sacar de todos los modos de limpieza posible, pero le fue inútil. Por eso, desde ese día, el bar cambio las posiciones de las sillas y mesas, siendo tapada la mancha con una de las mesas del lugar.
Me recuerdo que en dos oportunidades dos hombres se ofrecieron a acostarse conmigo... No tengo homofobia, pero dejo en claro mi heterosexualidad y sin mencionar ninguna palabra, les negué con la cabeza; y sin hacer escándalo, se fueron.


No importa lo que pase en el bar... Por más que vea cada detalle pequeño del entorno... Por más de lo que pase... Por más que solo disfruto en tomar algo que ni siquiera tiene un mililitro de alcohol, nada me hará sentir mejor. Soy un hombre encontrado por todos, pero perdido en si mismo. Solo río cuando algo me hace gracia. Solo lloro cuando termino un libro o de ver una película que me llegue a tocar mi corazón tan distante de mi ser... y cuando vuelvo del bar a mi departamento, veo todo su alrededor, cierro la puerta, doy unos pocos pasos, me siento en un rincón, junto mis rodillas cerca de mi cabeza y me desahogo en llanto por algo que siento que he perdido y me suma a la total soledad del departamento, añorando encontrar tu única figura... Hashira.
Continuará...

lunes 26 de septiembre de 2011

Diagnóstico en el forense

Otro día común en la sala forense. Un nuevo cadáver les llega. Entre medio, hay nuevos culpables acusados del asesinato. Mientras analizan dos forenses el examen, les llega los resultados psicológicos del fallecido. Era lógico, no necesitaban "tanto análisis" después de todo, al ver que había una bala incrustada en el cerebro, agregando el enorme agujero cubierto de sangre seca a un lado de la cabeza.
- No cabe duda -dijo uno de los dos forenses-, fue un suicido. ¿Qué enfermedad mental tenía la persona?
- Según el resultado, tenía "depresión melancólica extrema".
- Según los policías que examinaron la habitación, no había carta de suicidio. Al parecer, tuvo mucho cuidado en usar el arma para no pasar la prueba del guantelete. Todas sus cosas estaban en orden, incluyendo el vaso de whisky que tomaba cada día antes de dormir. ¿Que opinas?
- Opino que si aquella noche él hubiera estado más cerca del vaso de whisky que del revólver, seguiría vivo otro día más.


[Inspirado por el artículo "¿Qué es la depresión melancólica?", con apoyo de la Wikipedia]

sábado 2 de abril de 2011

Paradoja del diseñador

El diseño inteligente es una corriente pro-religiosa que el origen o evolución del Universo, la vida y del humano son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes. En pocas palabras, personalmente podría decir "la evolución fue planeada por Dios".
[Personalmente soy más seguidor de esta corriente, pero sin motivos religiosos ni científicos, sino personales].

Pero aquí se implanta una falencia dada por algunos críticos (llamada "la paradoja del diseñador"):

¿Quién diseñó al diseñador?

viernes 1 de abril de 2011

La fogata

"Ya no hay más leña" pienso mientras vuelvo a mi cabaña. Está aproximadamente a -15ºC y la Madre Naturaleza hace de lo suyo en mi alrededor con una tormenta invernal disparando los copos de nieve con vientos huracanados. Me he cubierto todo mi cuerpo con tantos abrigos que me es difícil caminar entre la nieve, pero es un sacrificio para no sentir tanto frío y no ser golpeado por la nieve que por su velocidad se hacen sentir más como perdigones.

Llego a mi cabaña, situada cerca de una montaña y al lado de un bosque de pinos; todo se encuentra cubierto por un gran manto blanco. "Primera vez que desde que me mudé aquí siento una tormenta tan fuerte" me digo mientras abro la puerta. No acabo de abrir con totalidad la puerta y se abre violentamente por la fuerza de los vientos; rápidamente entro y con todas mis fuerzas intento cerrar la puerta. El viento me quiere ganar, así que mantengo la puerta cerrada con mi cuerpo mientras con mi mano derecha giro la chapa para bloquear. Le gané al viento, pero en caso que empeore el clima y destroce la chapa, estanco la puerta con un delgado pero resistente pedazo de madera entre la misma y un fierro en forma de "U" situado al lado y pegado a la pared.

Me quito todos los abrigos, quedando mis piernas con un pantalón negro, mi torso con una polera blanca con mangas largas y un abrigado cuello de tortuga, una bufanda abrazando mi cuello y mis manos con unos guantes de lana que solo llegan hasta la mitad de los dedos.
Me cambio de par de medias y las botas que llevaba puestas por un par de pantuflas.

Me estrujo las manos y las coloco alrededor de mi boca para soplarles con mi aliento para darles calor. Mis piernas comienzan ligeramente a saltar desesperadas del feroz frío que venían.
Entrecruzo mis antebrazos para que mis manos froten con rapidez los brazos y me voy rápidamente a la chimenea.

Llego y me siento frente a ella. Observo como la pequeña fogata sigue resistiendo tanta frialdad en el ambiente y me acerco lo más posible.
Veo con detalle el alrededor del interior de la cabaña con un espacio tan rústico, hecha de troncos grandes y el piso hecho de tablones de madera; la sala tiene pocos muebles pero cómodos (entre ellos una silla estilo Art Nouveau).
Vuelco la mirada nuevamente hacia la fogata y sus pequeñas llamas claman seguir ardiendo.

Mis vecinos me habían avisado que se aproximaba una tormenta muy grande pero no les creí lo suficiente como para conseguir y guardar una mejor cantidad de leña. La tormenta va por su segunda semana sin dar pausa y no tengo más para alimentar y mantener mi fogata.
Mi abastecimiento de alimentos es lo suficiente como para vivir casi un año sin dificultad, me sobra la cantidad de abrigos para salir y buscar más de lo que necesite.
El teléfono no funciona ni tengo electricidad a causa de la tormenta, así que no puedo encender la televisión, ni el calefón, ni la ducha eléctrica, ni el horno eléctrico.
Sobre estime la tormenta y ahora sufro las consecuencias. La fogata fue mi salvación por toda la primera semana: obtuve calor y calentó mis alimentos para un mejor sabor. Sin el calor no puedo tener los mismos movimientos, la misma condición física ni mental, los mismos resultados, el mismo sabor... ¡Todo es frío!

Vengo de un lugar donde casi todo el tiempo hacía calor y ya me estaba cansando. Por eso decidí irme a lugar más frío y tranquilo. Creí que el calor no iba a importar... pero si importa. Por algo existe el frío y el calor, juntos agarrados de la mano conllevan la vida.

Me gusta el lugar donde estoy, pero fui con una idea tan simple que ahora me hace disgustar. Ahora con esta tormenta me las tengo que arreglar y duramente.

Miro las pequeñas llamas con una mezcla de rabia y melancolía, esperando el momento que se apaguen totalmente y tenga la posibilidad de morir. Por más que tenga el montón de alimentos y abrigos, nada me garantiza que pueda vivir sin el calor verdadero del fuego... podría destaparme inconscientemente mientras duermo y darme hipotermia o comer alimentos crudos y agarrarme una infección. ¿Cuanto más iba a durar la tormenta? ¿Minutos, horas, días, meses? ¿Arriesgarme a vivir solo del frío y solo del calor de mi cuerpo?

Cada segundo cuenta... Cada segundo pierde un poco más su fuerza para levantarse las llamas.

Me quedo paraplejico por unos minutos, sin quitar la mirada a la casi extinta fogata.
Hasta que de repente una llama se levanta lanzando al aire unas pequeñas chispas y nuevamente baja, pero esta vez más bajo que antes.

Las llamas pelean hasta lo último para seguir vivas. Yo quiero que sigan vivas. Es un pensamiento mutuo. Entonces... ¿porqué estoy perdiendo tiempo aquí?
Salgo del mar de emociones en que me hundía y me levantó sin quitar la mirada a la fogata.

"Iré a buscar más leña" me digo. Me coloco otra vez las botas y los abrigos que me había quitado al llegar, busco un hacha y me dirijo hacia la puerta.

Quito la tranca de madera, giro la chapa desbloqueando la puerta y violentamente se abre. Los vientos aumentaron más sus fuerzas haciendo sentir más frío de lo que fue antes de entrar a la cabaña. Trago saliva y entro a tormenta cerrando con la mayor fuerza posible la puerta.

Comienzo a buscar un pino para poder talar, mientras los vientos azotan el lugar añadiendo un sonido de silbido. Hay tanta nieve que no logro ver lo que hay más adelante.

Continuo caminando, sin quitar en mi cabeza el principal objetivo: calor. Coloco mi vida en peligro... En estos momentos podría ya haberse apagado la fogata y aún continuo... O también sigue encendida pero no aguantará más de cinco minutos... O también podría nuevamente a encenderse... No hay nada seguro, hay demasiadas suposiciones.

Tengo una opción. Me estoy arriesgando, pero es lo que quiero. Lo que quiero.

lunes 14 de abril de 2008

Paradoja del Abuelo

Se parte del supuesto que una persona realiza un viaje a través del tiempo y mata al padre biológico de su padre/madre biológico (abuelo del viajero), antes de que éste conozca a la abuela del viajero y puedan concebir. Entonces, el padre/madre del viajero (y por extensión, ese viajero) nunca habrá sido concebido, de tal manera que no habrá podido viajar en el tiempo; al no viajar al pasado, su abuelo entonces no es asesinado, por lo que el hipotético viajero sí es concebido; entonces sí puede viajar al pasado y asesinar a su abuelo, pero entonces no sería concebido..., y así indefinidamente.